Vivimos una actualidad política en la que influyen notablemente los medios de comunicación, formando opinión desde su óptica liberal y la manipulación de la información, nos presentan a diario a figuras políticas impresentables, viejos conocidos, mariscales del ajuste, heraldos del fracaso y la ineficiencia administrativa, como la opción alternativa para un recambio de las autoridades que dirigen los destinos del país, quienes con discursos apocalípticos auguran los peores sucesos, apoyados por los comentarios o columnas de periodistas que devenidos en analistas político/económicos, aseguran que lo peor esta por venir, con la clara intención de crear el peor clima posible en contra del gobierno, con la idea de desestabilizarlo esperando un símil cacerolazo de 2001, que deponga al gobierno y ubique a sus alfiles en un lugar de poder que les permita seguir manipulando voluntades por medio del chantaje, la manipulación o la coima. Ante estos sucesos el pueblo argentino (o su mayoría) reacciona sin memoria pero no arriesgando todo lo conseguido, sabe que no estamos todo lo bien que quisiéramos, pero en manos de nefastos personajes, “estaríamos mucho peor”, y toma las ideas con las que es bombardeado desde los medios con mesura; por primera vez no es objeto de decisiones y deseos de otro, sabe interiormente que no todo es tan malo ni tan bueno, analiza y busca opciones, pero para que esto suceda es preciso que se le den las herramientas que posibiliten una confrontación de ideas, el debate entre el Ministro Boudou y el Senador Morales, es un claro ejemplo de ello. La gente pudo sopesar dos modelos de conducir y de administrar , y que la imagen que nos venden de alguien no siempre es la real.
Estamos ante una oportunidad histórica de nuestra patria como pueblo pensante, en donde la madurez democrática nos permita elegir revisando el pasado, analizando el presente y reflexionando para el futuro.
